Mis Pies

Un reloj con sus patitas que lo recorren una y otra vez, aunque gracias al material del que son hechos, no se gastan jamás. Sólo dejarán de correr alrededor cuando al reloj se le agote la pila, que es una vez cada un par de años.

Otras patitas no están hechas de un material tan resistente, pero día a día corren, cumpliendo los horarios que sus dueños les imponen. Hoy contaré la historia de unos pies muy especiales, que este semestre se han visto especialmente sobrepasados de trabajo. Contaremos su rutina.

Cada día se levantan a soportar el peso de su dueña, a veces a las 6.40 u otras veces a las 8.30, dependiendo del horario que le espera en el día. Al principio, en agosto, al tener que llevar a todos lados a la chica, no se sentían tan cansados. De hecho, empezaban el día con energía, ya que Paulina solía atrasarse y ellas debían esforzarse al máximo para cumplir con lo que ella les exigía. Su momento favorito es cuando les llega ese aire caliente que sirve para mantenerlas seca después de la ducha, para que cuando los envuelvan los calcetines, no se acumule la humedad entre los deditos.

Cuando ya les pusieron los calcetines y los zapatos, están claramente listas para empezar a correr. Salen rápidamente camino a la Universidad Mayor, lugar donde corren mucho, suben y bajan escaleras. Pero al menos dejó de llover, porque eso de ir por la vereda o sortear inundaciones no les gustaba nada: a veces hasta se manchaban del color del forro de los zapatos.

La verdad es que al principio se entretenían mucho caminando. Nunca lo habían hecho tanto, porque al parecer Pauli, como la mayoría llama a su dueña, parecía tener algo más para movilizarse, por lo que tenían menos trabajo. Sin embargo, al correr de los meses, las cosas fueron cambiando.

A veces incluso pensaban que Paulina era una inconsciente, por todas las actividades que tomó este semestre. Todos los días corrían a la Universidad, después de haber estado muy poco en la oscuridad de las sábanas que les permitía descansar. En ese lugar subían y bajaban escaleras sin parar. “¿Qué se cree esta niña?”, pensaban.
Cuando por fin descansaban era cuando ella se preocupaba de comer. Luego, normalmente seguían corriendo.

Tres veces a la semana, lunes, miércoles y viernes, alcanzaban su máximo protagonismo en la vida diaria del cuerpo que movían: practicar karate. Es en este momento cuando se ven más exigidos, pero no en ese movimiento monótono que deben realizar al caminar, sino en mover los dedos y ubicarse de la mejor forma posible para cumplir las exigencias de ese deporte, que por lo demás se realiza a pies descalzos. Obviamente no todo es perfecto, porque a pesar de que se entretienen más de esa manera, han tenido que soportar las durezas que les han salido producto de los exigentes apoyos que deben hacer.

Luego, una vez a la semana, es decir, todos los jueves, van a un lugar terrible. Porque no importa qué zapatos o zapatillas Paulina utilice, porque de cualquier manera ese polvillo que reina en el lugar se filtra hasta provocar incomodidad en sus preciados dedos. Y es que, “¿en qué minuto de bajó a esta desconsiderada el querer ayudar a los niños de la población amanecer a que les vaya mejor en el colegio?”, se lamentaban sus piesecitos. En fin, por suerte es sólo una hora y media, no es tan malo.

Y los viernes… este viernes será especialmente terrible, se preguntarán por qué. Porque Paulina debe tomar un examen, por ende, debe ponerse esos malditos taco alto. ¿En qué minuto se les habrá ocurrido a los humanos que con esos zancos se ven mejor? Todo por hacer ayudantía. Más encima se suponía que este año no le tocaba, no es normal que sea en primer año.

¡Y dicen que nada puede ser peor! Justo ahora, cuando se viene el fin de año, se le ocurre ir todos los sábado y domingo a pararse 8 horas, ¡casi sin moverse! Menos mal que son cuatro en la mañana y cuatro en la tarde y que entremedio tiene la consideración de poner sus pies en alto, para que así les llegue menos sangre. Es decir, toda la sangre que le llegó en la mañana debe irse lo más rápido posible al resto de la pierna.

Todo esto ha sido parte de la vida universitaria que Paulina deberá acostumbrarse a vivir. Sus pies nunca habían terminado tan cansados de todo, pero por otra parte, sienten que ayudaron a la joven a cumplir sus objetivos y es eso precisamente lo que os reconforta. No importa ya cuánto quisieron descansar v/s cuánto tuvieron que esforzarse, porque se han dado cuenta de que aunque la niña tenga mil cosas que hacer y ellos deban ayudarla, ella salió airosa de este primer desafío, quedando preparada para enfrentar nuevas dificultades. Y claramente, sus pies también.

Lo único que temen es que entre tanto trajín, se van gastando más y más sus energías, mientras que el tiempo no se detiene, no tiene consideración. La mayor preocupación de estos, es que a medida que se preocupan de cumplir deberes y horarios, ven cómo la vida de Paulina va pasando frente a sus ojos y ellos sólo pueden ayudarla a ir lo más velozmente posible, sin poder darle el consejo que John Lennon nos quiso dar alguna vez: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes.”

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