Belén Temuco


Acabo de leer una historia en el blog de Felipe Martin y motivó la escritura de ésta.
Un indigente que trató de regalarle su pantalón, porque un perro robóun trozo del de mi amigo al morderle la pierna fue lo que motivó su testimonio.

El mío, una experiencia que vivo cada miércoles, entre 17 y 16.30 hrs. Los que me conocen saben de qué hablo: Belén.

El año pasado, segundo semestre, la insistencia de una de mis mejores amigas, la Vale Navarrete, me llevó a formar parte de un proyecto que cada vez se vuelve más realidad. En ese entonces, recuerdo que llegué a la sede, al lado de la iglesia, sin saber exactamente a qué iba.


Inevitablemente, me comprometí y empecé a ir cada jueves. Aún más inevitable: las sonrisas y la energía de esos niños atraparon una parte de mí. Nunca voy a olvidar a Ivette, una niña que debía aprender inglés. Le enseñé y le dejé ejercicios para que se preparara para una prueba que tenía. Nunca le fue bien en inglés. A la semana siguiente, con una sonrisa enorme en sus ojitos me abrazó por la cintura y me dijo: "Gracias tía, me saqué n 6,8 en inglés. Gracias a usted."
¿Ante esto, qué puedes hacer?

Por eso este semestre, cuando me llamaron para seguir con esta linda iniciativa, me mantuve al margen. No quería involucrarme hasta que estuviera segura de poder participar. Cuando supe el horario, me di cuenta de que si podría y en seguida comencé a asistir. Lo único que me detuvo una vez fue una gripe terrible que me olbigó a estar todo lo que pude en cama.

Esos niños, sus gritos, sus risas, sus maldades, te hacen salir. Conocer otra realidad, valorar lo que tienes y lo que ellos mismos te dan. Abrazos, besitos, cartas. Cada "Gracias tía" o "Venga la otra semana" te llena de energía para seguir apoyando este tipo de actividades.

Y lo que para mí se transformó de hobbie en responsabilidad, me hace reflexionar y dar las gracias por todas las oportunidades que gracias al esfuerzo de mi familia puedo tener. Hay que retribuir, hay que devolver todo lo que nos ha sido dado. Y esta es mi manera. No importa qué tantas pruebas pueda tener, qué tanto tenga que estudiar. Siempre me va a quedar una hora y media para regalar, cuando muchas veces soy yo la que más gana. Tiempo, siempre hay tiempo. Quizás es na hora menos de descanso, pero ¿qué más da? Cuando me muera descansaré lo suficiente.

Cada miércoles, llueva, haga frío, voy a la Villa Austral en el sector Amanecer y les doy una mano a estos niños. Ayudarlos a aprender a sumar o a aprender ortografía, darles un consejo, un abrazo o hacerles un dibujo puede hacerlos tan felices.

¿Alguien se suma?

4 comentarios:

Felipe Martin dijo...

Que bueno que te haya servido de inspiración.
Yo también estoy llendo a Belén, pero en Valparaíso. Es increible la verdad la energía que pueden entregar estos niños y la influencia que uno puede tener en ellos. Basta solo entregar una pizca de tiempo y dedicación para conseguir profundas sonrisas en sus corazones. Ellos son el futuro y esperemos que logren acceder a una mejor realidad que la que les tocó vivir.
Me alegro que estés también en Belén, ya que con esa alegría que irradias puedes cambiar mundos
suerte y exito en todo

Anónimo dijo...

wena pauli... me encanto tu blog.. sie s verdad .. unodebe devolver unpoco la mano y agadecer lo que nuestrso padres han logrado para darnos una mejor vida..
y nada mejro q compartir un tiempo de tu vida con estos niños,quete entregan puramente su cariñoo..y claramente se descansara despues hoy queda mucho que hacer por estos niños... yo toy llendo a campamento cancha river.. por un techo para chile.. y na hoy fue mi primer dia..
cuando llegue fue chocante ver q genet vivia en medias aguas, y que cuando le dije a una de sus niñas cuelga el adorno diciochero que hicimos en tu piesa ellame respondia que no tenia..(me senti bastante desubica)
y esos besitos...

Anónimo dijo...

a soy yo gildii.. jjajaa tu compañera de admision jajaja

Anónimo dijo...

oie y igual derepente podria acudir a belen..me agrada.. todo esoo